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ESQUILACHE, 1988

Posted by noeliapc en 20 febrero 2010

 

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FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Nacionalidad: España
Director: Josefina Molina
Actores: Ángel de Andrés; Alberto Closas; Fernando Fernán Gómez; José Luis López Vázquez; Adolfo Marsillach; Ángela Molina
Amparo Rivelles; Fernando Valverde; Concha Velasco
Productor: José Samano, según la obra “Un soñador para el pueblo” de Antonio Buero Vallejo.
Guión: Josefina Molina; Joaquín Oristrell
Fotografía: Juan Amorós
Música:José Nieto
Calificación moral: Todos los públicos
Duración: 100 minutos.

Argumento:

Madrid. Domingo de Ramos de 1766. Cuando el Marqués de Esquilache llega a la Casa de las Siete Chimeneas, su residencia habitual, todavía se oyen por las calles los gritos de ¡Muerte al mal gobierno! ¡Muera Esquilache! que lanza la gente en pleno motín. Acompañado por su secretario Antonio Campos, comprueba horrorizado el efecto del saqueo y destrozos de la casa.

La acción transcurre durante el reinado de Carlos III, en el siglo XVIII, siglo de la Ilustración. Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache, ministro de Hacienda y de la Guerra, fue el encargado por el rey de reconstruir y modernizar España, promulgando leyes que el pueblo, manipulado por una parte de la nobleza y otras fuerzas conservadoras, consideró contrarias a sus intereses.

Los motivos más inmediatos que originaron la revuelta popular conocida como el “Motín de Esquilache” fueron sus medidas para el saneamiento de la ciudad y, especialmente, la prohibición de vestir capa larga y sombrero de ala ancha, que favorecía el ocultamiento de las armas y dificultaba el reconocimiento de los delincuentes.Después de enfrentarse a un grupo de embozados, Esquilache, Fernanda, su doncella, y Campos consiguen dirigirse hacia el Palacio Real. El Marqués va recordando los acontecimientos que han promovido esa ola de violencia. Rememora sus últimas entrevistas con el rey Carlos III; sus enfrentamientos con los nobles; la corrupción de Pastora su esposa y, sobre todo, su relación con Fernanda, su doncella, por la que se siente fuertemente atraído.

Tras un dramático viaje por el recuerdo y la violenta noche de un Madrid amotinado, Esquilache llega al Palacio Real. Pronto comprende que está siendo víctima de una conspiración muy hábil dirigida por manos muy cercanas y poderosas. El pueblo se dirige también al Palacio Real, para exponer al rey en persona sus peticiones que, entre otras, se concretan en el destierro del Marqués y su familia, y en la anulación del decreto sobre capas y sombreros.

Carlos III deja en manos de su ministro la decisión final. Esquilache comprende que el rey tiene que aceptar las peticiones de los rebeldes para evitar una guerra fraticida. La Reina Madre, Isabel de Farnesio, ya se lo había anticipado durante una partida de cartas: “A veces, en las cartas, es necesario sacrificar un caballo para conservar el rey”. Esquilache con su familia parte para el destierro y es nombrado embajador en Venecia donde muere. Le acompaña siempre el recuerdo de su fiel doncella Fernanda y, sobre todo, el del rey Carlos III, a través de sus cartas que, una y otra vez, le van leyendo mientras agoniza.

http://www.trackmedia.com/site/detail.php?pid=2608

 Comentario crítico:

El origen teatral de Esquilache es evidente en cuanto lo más valioso son los diálogos; la aportación cinematográfica se limita a un “flash-back” y a unas secuencias de exteriores donde aparecen las masas amotinadas. Como en otros casos del cine español, es evidente la falta de presupuesto para producir esas escenas que necesitan mucha figuración. Por el contrario, los interiores naturales de palacios del Patrimonio Nacional y el vestuario consiguen perfectamente su cometido de retrotraernos al siglo XVIII. La realización de Josefina Molina es correcta, quizá un tanto fría, pero muy atinada en la dirección de actores, por cierto con un reparto donde aparecen los grandes nombres de nuestro cine en ese momento. Esa, relativa, frialdad, no impide apreciar como valiosa una película de impecable factura que cumple sobradamente su función de hacernos reflexionar sobre un personaje y una época de la historia. Más aún, porque Esquilache es, en definitiva, una meditación sobre el poder.

El cine histórico ha sido uno de los géneros menos cultivados en España, quizá debido a los costos de producción. Relativamente abundan las recreaciones situadas en el primer tercio del siglo XX y en la Guerra Civil en particular. En los años cuarenta se hicieron obras ambientadas en la época de los Reyes Católicos. También hay filmes que recrean la guerra de la Independencia, pero una época tan desconocida y con tanto interés como es la Ilustración durante el reinado de Carlos III era, prácticamente, inédita en nuestras pantallas.

 Temática:

La soledad del ejercicio del poder, que resulta trágica cuando se pierde el favor del pueblo, a pesar de la buena voluntad para buscar el progreso y la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos es el tema de Esquilache.

  • La paradoja de los ilustrados es la insuficiencia de una minoría cultivada que asume el gobierno y toma medidas necesarias para modernizar el país, pero el pueblo no las asume, sea porque no las acepta, sea porque está manipulado por otras gentes contrarias a los ilustrados. La película muestra el dilema de todo gobernante que ha de optar entre conservar el poder y agradar a los sectores que le mantienen en él o, por el contrario, ser más honrado y coherente consigo mismo, y hacer la política que se necesita. Ni siquiera la democracia moderna ha resuelto este dilema, aunque ciertamente, existen mecanismos de discusión pública y de control mucho más eficaces que en el despotismo ilustrado. Las palabras de Carlos III (”Hemos forzado a la Historia a dar un paso adelante, la Historia lo ha dado y nosotros nos hemos quedado haciendo equilibrios en el vacío“) resumen bien la situación de Esquilache y la del propio monarca, aunque éste conserva el aprecio del pueblo que distingue artificialmente entre la Corona y el Gobierno con el grito repetido “¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!”.
  • En este sentido, la película también subraya la tensión de todo gobernante entre el ideal político y la realidad sobre la que gobernar. Campos, el secretario de Esquilache, le hace al ministro la reflexión de que “Este pueblo no perdona la prepotencia“, lo que es un reproche a los ilustrados que siguen el lema de “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo” porque se considera que, en palabras del cinematográfico Carlos III, “Los españoles son como niños que lloran cuando se les lava la cara“.
  • Esquilache aparece como un hombre bueno de quien su esposa se ha ido separando y le traiciona, no suficientemente maquiavélico como para desconfiar de quienes pasan por amigos y conspiran contra él, y que, en su decrepitud, se siente profundamente dolido por “el insoportable peso del odio” del pueblo. En su lecho de muerte por lo único que sentirá nostalgia será por el chocolate que le preparaba una joven camarera que le ha dado un poco de ternura. Su voluntad de servicio al país -a un país que no es el suyo, aunque su Nápoles pertenece en ese momento a la corona española- tiene como pago la soledad que el propio Carlos III experimenta y subraya al decirle que “A veces, un trono puede convertirse en la peor de las prisiones“.
  • La corrupción política consistente en usar el poder para beneficiar a los familiares (el nepotismo) es antigua y constante a lo largo de la Historia. Todo gobernante tiene esa tentación, aunque con su difusión pública pierda toda credibilidad. Por ello, Esquilache, ya de por sí cuestionado por el pueblo, trata de conservar a toda costa su reputación y pide al Rey que revoque los “enchufes” otorgados a sus hijos a petición de su esposa. Al mismo tiempo, las peticiones de favores entre las élites en el poder es, como vemos en el caso de Villasanta, una práctica común en esa y en otras épocas hasta el punto de que Esquilache lamenta que en la Hacienda pública hay exceso de empleados “protegidos“.
  • La reflexión sobre el poder se completa con las palabras de una de las últimas secuencias, en la que Esquilache discute con el marqués de la Ensenada, quien le ha traicionado. El italiano razona diciendo “Puede que a todos nos pierda el ansia de poder, pero tú y yo no somos iguales“, lo que significa aceptar que la vocación política tiene como base una pretensión de dominio que, cuando menos, matiza el “servicio” con que el político denomina su labor. Al mismo tiempo, no todos los políticos son iguales ni emplean las mismas estrategias.

http://iris.cnice.mec.es/kairos/mediateca/cinemateca/

perspectivas/perspectivas04.html

LITERATURA/HISTORIAhttp://www.materialesdelengua.org/_

LITERATURA/BUERO/esquilache/Esquilachenotas_cmap.html

http://personal.us.es/alporu/historia/motin_esquilache.htm

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