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ADIÓS A LOS NIÑOS. 1987. (Au revoir les enfants)

Posted by noeliapc en 15 mayo 2010

Adios, muchachos o el sentimiento de culpabilidad en la infancia, 2ª guerra mundial

  

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Género: Drama
Nacionalidad: Francia / Alemania
Director: Louis Malle
Actores: Gaspard Manesse; Raphael Fejtö; Francine Racette;

Stanislas Carré de Malberg; Philippe Morier-Genoud;

François Berléand; François Négret; Peter Fitz;

Pascal Rivet; Benoît Henriet; Richard Leboeuf;

Xavier Legrand; Arnaud Henriet;

Jean-Sébastien Chauvin; Luc Etienne.
Productor: Louis Malle
Guión: Louis Malle
Fotografía: Renato Berta
Música: Camille Saint-Saëns; Franz Schubert

Culturalia: Votos: 22. Puntuación: 9,2/10

Filmaffinity: 6.283 votos. Puntuación: 8./10

Duración original: 104’.

SIPNOSIS

Invierno de 1943. Durante la ocupación alemana en Francia, en un colegio interno para chicos dirigido por religiosos católicos, Julián, un muchacho de trece años, queda impresionado por la personalidad de Bonnet, un nuevo compañero que ingresa en el colegio.              

Este film fue nominado al Oscar por mejor película en idioma extranjero y por mejor guión original; obtuvo premios Cesar a la mejor fotografía, dirección, montaje, film, diseño, sonido y guión original; obtuvo premios David de Donatello por mejor director, mejor film extranjero y mejor guión. También ganó el premio Louis Delluc en Francia y el León de Oro y el premio OCIC en el Festival de Venecia.

http://www.youtube.com/watch?v=FeSte2zMM1U&feature=player_embedded

 EL FILM

¿Quién de nosotros puede no recordar algún momento en el que dijimos o hicimos algo irreparablemente equivocado? En el instante de completar la acción o de pronunciar determinadas  palabras, nos invade la vergüenza y el arrepentimiento, pero lo hemos hecho y ya no puede repararse. Tales momentos son raros y suceden más frecuentemente en la infancia, antes de ser entrenados para pensar antes de actuar. Adiós a los niños es una película acerca de un momento así, acerca de una mirada rápida e irreflexiva que pudo costar las vidas de cuatro personas.

El film fue escrito y dirigido por Louis Malle, que lo basó en un recuerdo infantil. A juzgar por las lágrimas que vi en su rostro la noche que el film fue proyectado en el Festival de Telluride, se trata de un recuerdo que le ha causado dolor durante muchos años. Su historia tiene lugar en 1944, en un colegio católico de Francia durante la ocupación nazi. Al comenzar un nuevo semestre se inscriben tres nuevos alumnos e inmediatamente comprendemos que son judíos, disfrazados con nuevos nombres e identidades en un intento por ocultarlos de los nazis.

Para Julien Quentin, sin embargo, esto no resulta tan obvio. Julien, que viene a ser el doble autobiográfico de Malle, no comprende bien todas las distinciones que separan a judíos y gentiles en un país gobernado por el nazismo. Todo lo que sabe es que Jean Bonnet, uno de los muchachos nuevos, le cae bien y que se ha hecho su amigo. Jean no es popular entre los otros muchachos, que siguen la tradicional práctica de agruparse contra los novatos. Pero tampoco Julien es demasiado popular. Ambos muchachos son de carácter reflexivo y un poco soñadores, y tienden a verse absorbidos por su propia imaginación.

La película de Malle no está llena de incidentes dramáticos. A diferencia de ciertas películas de Hollywood con las que puede compararse, el film no siente la necesidad de recurrir a una trama fuerte y a una acumulación de situaciones dramáticas que precipiten en un gran final. En cambio, ingresamos a la vida cotidiana de esos muchachos. Vemos la rutina de las aulas, los entrenamientos para un posible ataque aéreo, la forma en que cada docente trata con los problemas disciplinarios.

Más que ninguna otra cosa, se nos brinda una impresión muy definida del modo en que funciona el colegio. Malle ha declarado que, cuando años después, visitó el colegio al que asistió, encontró que el edificio había desaparecido y que nadie lo recordaba. Pero para un estudiante de ese lugar, sus reglas y ritos parecen eternos, practicados por innumerables generaciones precedentes y destinados a sobrevivir para siempre. No se puede esperar que un niño comprenda que la violencia y el mal pueden cambiar radicalmente todo.

Julien y Jean juegan juntos, estudian juntos, miran fotos de mujeres juntos. Un día -uno de esos días fríos de la temprana primavera, cuando las sombras parecen ominosas y hay un viento perturbador que agita los árboles- ambos van a explorar un bosque cercano y los sorprende la oscuridad. Se pierden y esa aventura los vuelve todavía más amigos. Un día, Julien descubre por accidente que Jean Bonnet no es el verdadero nombre de su amigo. Unos días después, cuando su madre viene de visita, Julien invita a Jean a almorzar en un restaurant local, donde son testigos de un incidente antisemita: un viejo cliente es señalado y apartado por ser judío.

Esa es toda la información que Julien recibe y es difícil decir exactamente qué es lo que sabe, o sospecha, sobre Jean. Pero cuando los nazis visitan la escuela, Julien tiene un trágico segundo de acción que lo perseguirá por el resto de sus días. Malle ha dicho que el incidente de Adiós a los niños no es un paralelo exacto con lo que sucedió en la vida real, pero el punto debió ser el mismo: en un momento irreflexivo se comete un acto que no puede corregirse.

¿Se trata de un film sólo acerca de la culpa? De ningún modo. Está construido muy sutilmente como para mostrar que Julien sólo ha comprendido a medias la naturaleza de la situación. No es que Julien supiera absolutamente que Jean era judío. Más bien, es como si Julien poseyera mucha información que nunca llegó a reunir y, cuando los nazis llegan buscando judíos ocultos, el niño comprendiera lo que esa información significa. El instante en que comete su trágico error es, quizá, el mismo en el que comprende por primera vez el hecho perturbador del racismo.

(Roger Ebert en The Chicago Sun-Times, 18 de marzo de 1988. Trad.: FMP)

Situada en el ocaso del tercer reich, Adiós a los niños es más que un recuerdo de los tiempos de la guerra: es un epitafio a la inocencia. En esta temporada de recuerdos juveniles, el de Malle es el más devastador, una inspirada elegía a los niños perdidos.

Este adiós tiene lugar enero de 1944, en un colegio católico de la ciudad ocupada de Fontainebleau. Las clases transcurren de manera monástica, excepto por algún simulacro de bombardeo, y durante el receso el patio del establecimiento es una anarquía de muchachos. El alter ego de Malle, Julien Quentin, tiene doce años y acaba de regresar para el segundo semestre de clases. Algunos de los muchachos se complacen en darle a los nazis indicaciones equivocadas, mientras el rector los engaña refugiando a tres niños judíos. El más joven, Jean Bonnet, pasa a ser primero compañero de Julien, y más tarde su mejor amigo. Tanto Julien como Jean son alumnos excepcionales, preadolescentes del renacimiento. Su relación se estrecha cuando una noche se pierden en los bosques y son rescatados por solados alemanes, que amablemente los envuelven en una manta y los llevan de regreso al colegio. La delicadeza profetiza el horror. “¿Tienes miedo?”, pregunta Julien. “Todo el tiempo”, dice Jean. Como los otros muchachos, Julien no sabe nada sobre la verdadera identidad de Jean, pero descubre que Bonnet es un seudónimo. Un día llega la gestapo y la infancia de Julien desaparece junto con su amigo.

Malle creó este film como un conmovedor retrato no sólo de los muchachos sino de lo que éstos prometen. Y los sinceros intérpretes juveniles encarnan todas las esperanzas que se invierten en cada nueva generación. (…) Ha escrito y dirigido su film con la compasión de un adulto y la simplicidad de un niño, oponiendo los hábitos de los muchachos a los prejuicios de los adultos, juxtaponiendo a los matones de los grados superiores con un agente de la gestapo que arranca las banderas aliadas de un mapa en un aula. Pero Malle nunca banaliza; no todos los alemanes son brutos, no todos los franceses son nobles. Cuando un grupo de colaboracionistas franceses hostiga a un caballero judío en un restaurante, un oficial alemán los echa a la calle. Mientras tanto, la madre de Julien (una fabulosa Francine Racette) pronuncia la frase inefable: “Algunos de mis mejores amigos

(Rita Kempley en The Washington Post, 4 de marzo de 1988. Trad.: FMP)

http://www.cineclubnucleo.com.ar/adiosalosninios.rtf.

ADIÓS, MUCHACHOS  (LOUIS MALLE, 1987)

Legado de Louis Malle a la Memoria. Por Miguel Laviña Guallarto

El realizador francés Louis Malle abordó en 1987 la realización de un proyecto largamente gestado que habría de suponer un regreso en varios sentidos. Volvía a Francia tras varios años afincado en EEUU –una voluntaria ausencia que tuvo como resultado filmes como La pequeña (1978) o Atlantic City (1981)–, al tiempo que encaraba un triste episodio vivido en su infancia durante la ocupación alemana en 1944, unos dolorosos recuerdos que le habían acompañado a lo largo de los años, origen de Adiós, muchachos. Recuperaba de esta forma la línea de un cine personal, trenzado con fragmentos del pasado, que remite a obras como Un soplo al corazón (1971) y Lacombe Lucien (1974), y que tiene su más sincero episodio en este film. Durante su estancia en un internado católico al que sus padres le enviaron para alejarlo del París ocupado, tres jóvenes judíos que los religiosos ocultaban en el colegio fueron detenidos, junto a uno de estos sacerdotes, y enviados a un campo de concentración.

Estos hechos, tal y como Malle comentó en numerosas entrevistas, tuvieron una influencia decisiva en su trayectoria, e incluso decidieron su vocación de cineasta. Durante largo tiempo rehusó abordarlos, enfrentarse a esta historia que pugnaba por salir. No es difícil adivinar los rasgos del propio director bajo los de Julien, un joven que rompe a llorar en una estación de tren al despedirse de su madre y volver al colegio para un invernal segundo trimestre; y que es capaz de ocultar esta fragilidad con arrogancia entre sus compañeros y cierta suspicacia para sortear los rigores del internado. La curiosidad por el extraño comportamiento de Jean, brillante alumno recién llegado con el que comparte aulas y dormitorio –durante un tiempo el guión se llamó Le noveau–, le llevará a entablar un esbozo de amistad, en principio gracias a su afición común por las lecturas juveniles. No hay que olvidar, sin embargo, que sobre unos hechos reales el realizador construye una ficción tal y como, según confesó, habría querido que sucediese, ya que en la realidad no llegó a trabar amistad con este joven judío, algo que también le llenó de remordimientos desde entonces.

Tal vez los largos años durante los que se gestó el proyecto contribuyan a que Louis Malle logre con Adiós, muchachos una de sus obras más ajustadas. Cineasta elegante, minucioso, consigue un film sencillo en sus formas pero de un profundo calado moral. Con el detallismo de aquel que reconstruye su propio pasado, recuerda la disciplina en el interior del internado, una rutina convertida en rituales, así como una realidad más amplia y difusa que envuelve a estos jóvenes, las diferencias sociales, la percepción de la complicada situación política, en un internado bañado con una luz fría que filtra los colores invernales de la Francia rural. Planea también sobre estos muchachos un incipiente despertar sexual, encarnado en la profesora de piano –a la que da vida una joven Irène Jacob, unos años antes de ponerse bajo la dirección de Kieslowski en La doble vida de Verónica (1991)–, unas sensaciones invocadas por Julien bajo los acordes de la partitura de Schubert, y reflejado también en la confusa atracción que este joven siente por su madre, algo ya apuntado por el autor en Un soplo al corazón.

De este modo, el cineasta vuelca su extrema sensibilidad en dar forma a la relación entre los dos jóvenes, un progresivo acercamiento que conduce hacia la inevitable emoción que pulsan las secuencias finales. De forma conmovedora, pero sin perder una mirada reflexiva, logra hacer partícipe al espectador de la angustia por la suerte que les aguarda a estos muchachos. Un ejercicio de revisión personal e histórica en el que también se esfuerza por mostrar cómo la guerra y la ocupación trascienden en el día a día del internado, de manera que este espacio cerrado se convierte en un trasunto de la Francia del momento. Resulta tristemente significativa la escena en la que Julien lee una carta de la madre de Jean, que el muchacho guarda entre sus libros. Las líneas que ésta le envía tras meses de separación desde el lugar donde se esconde, junto a la posterior confesión del joven –¿Tienes miedo? …Todo el tiempo”-, condensan la situación sufrida por los perseguidos durante aquellos días. Aborda frontalmente la espinosa cuestión del colaboracionismo en la figura de Joseph, el joven cocinero del colegio que se convierte en un delator y que remite directamente a Lacombe Lucien –al parecer el punto de origen de Adiós, muchachos estaba vinculado al primer guión de aquella cinta–, un espejo donde buena parte del sentimiento de culpabilidad de aquellos años, propio y colectivo, puede verse reflejado.

No parece fortuito que Louis Malle dedique esta película a sus tres hijos, y sea su propia voz la que se escuche al final del relato. A pesar de dirigir otros tres largometrajes más hasta su desaparición en 1995 –la deliciosa Milou en mayo (1990), Herida (1992) y Vania en la calle 42 (1994)–, tal vez era consciente de que este film sería su verdadero legado a la memoria, familiar y colectiva. Compañero de generación de los realizadores de la Nouvelle Vague, con los que mantuvo numerosos rasgos en común y ciertas distancias, sigue desde su debut en 1958 con Ascensor para el cadalso una carrera algo errática que incluye títulos como Los amantes (1958), Zazie en el metro (1960), El fuego fatuo (1963) o ¡Viva María! (1965), antes de su partida a EEUU, al tiempo que desarrolla una notoria labor en el terreno del documental. Gracias a los recuerdos recuperados en Adiós, muchachos obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia y 7 premios César, una obra que permanece vigente y en la que la madurez confluye con la maestría acumulada con el tiempo.

http://www.contrapicado.net/filmoteca.php?id=27

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